Time to Run

Running

Empecé a correr hace ya varios meses. Te mentiría si te dijera que lo hago todos los días. Y no quiero engañarte. Así que voy a ser honesto y te voy a platicar sobre todo el proceso que tuve para que ahora, el running, forme parte de uno de mis hábitos.

  • MOTIVO DE FONDO

Hace ya un par de años que viví en China. Cuando yo llegué a ese país, pesaba alrededor de unos 67 kg. Al regresar a México pesaba casi 76 kg. Subí unos nueve kilos durante seis meses. Creo que fue el alcohol y mi rutina sedentaria los que hicieron la magia.  Al regresar a México, mis amigos y familiares me recibían con comentarios del tipo “¿Qué te panzó?”, “¿Oink-de estabas?”. Ya sabes. Para echar cábula. No me sentía ofendido. Pero tampoco estaba orgulloso de haberme puesto gordo. Y seguí subiendo poco a poco de peso durante el siguiente año y medio después de mi regreso.

Entré a trabajar a una empresa que se llama Festo. Fue aquí donde todos esos comentarios empezaron a tocar lo más profundo de mi ser. Todos hablaban de un tal “efecto Festo” – A.K.A. subir de peso-. Si a esto le sumas las fotos que me sacaban de cuerpo completo – en donde ya podía notar la diferencia entre un antes y un después -, el resultado fue una preocupación alarmante. Me veía varios años en el futuro y no me podía concebir como alguien obeso. En este punto no lo vi como salud, sino como estética.

¿Has escuchado la canción de “La dieta” de Los Tigrillos? ¿No? Pues escúchala. Es un buen momento para que lo hagas.

Verás. Mi punto es que, si algún día me iba a ir mal en el amor, no sería por haber descuidado mi cuerpo. Podría ser por cualquier otra cosa. Pero no por eso.  Y solo es cuestión de que te pongas a pensar. ¿Qué es lo primero que ves en una persona que te atrae? ¡Exactamente! El físico. Ya después intervienen otros factores de los cuales prefiero no profundizar en este momento.

“Eso no es cierto Miguel, yo me fijo en otras cosas.” -> Si tú lo dices, te creo. Pero no hablo de las excepciones. Hablo de la regla.

Es muy fácil no hacer nada. Dejar que tu cuerpo engorde. No tener control sobre él. Igual de fácil es tener una motivación.

Lo que no es fácil es ponerte unos tenis y chingarle.

En realidad puedes tener cualquier motivo de fondo para empezar a correr. En mi caso fue la estética. Y también subir mi autoestima. Quien te diga que la apariencia exterior de una persona no importa, te está mintiendo. Porque si tú sabes que externamente te ves bien, te vas a sentir bien. O al menos te sentirás mejor. ¿Me vas a negar que por lo menos alguna vez has escuchado como a los “gorditos” les ponen apodos del estilo “El Snorlax”, “El flaco” (sí, es sarcasmo), “El Pokebola”?  Esos comentarios hieren. Créeme. Y yo no estaba ni estoy dispuesto a convertirme en “El Snorlax” se mi círculo social.

No.

  • QUERER VIVIRLO

Yo tengo una amiga portuguesa. A ella la conocí en China. Y le gustaba correr. De hecho me invitaba a que la acompañara. Pero mi yo de entonces jamás tuvo ganas de hacerlo.

Las personas estamos entrenadas socialmente para felicitar a aquellos a los que les va bien en la vida. Aquellos que están logrando el éxito poco a poco. Hay quienes sí sienten emoción al ver triunfar a otros. Hay otros que están dañados, como yo lo estuve en alguna parte de mi vida, y nos duele ver cómo a otros les va chido. Eso sí, siempre dejamos el like o el “me encorazona”  en Facebook. Ya sabes, para demostrar que estamos adaptados socialmente. Aunque tendemos a minimizar los logros de los demás.

Con esta amiga portuguesa yo no tenía envidia. Pero sí sentía ciertos celos. De ver sus fotos. Ver cómo lucía extremadamente bien en su outfit súper nice para correr. Eso sí, mi like nunca faltaba en sus fotos. Pero en realidad yo pensaba otra cosa. Quería otra cosa: Experiencias.

Yo quería vivir lo que ella vivía.

Yo quería disfrutar lo mismo que ella.

Mentira. En realidad yo no quería eso. Si en verdad lo hubiera deseado con muchísimas ganas, simplemente lo habría hecho y ya. Punto.

Tuvo que pasar más de un año y más de diez kilos para que yo saliera a correr por primera vez.

La mayoría de las personas no somos coherentes entre nuestras acciones y lo que decimos querer. Ese es el jodido problema. Siempre. Por eso ves, en año nuevo, a tanto cabrón hablando de “Bajar 10 kg”, “Ir al gym”, etc. Si bajar de peso es tu objetivo (o por lo menos detener el aumento de peso), simplemente empiezas y ya. El día no importa. ¿Tú condición es tan mala que crees que empezar por tu cuenta podría traerte problemas? Entonces págate un médico. Págate un nutriólogo. Consulta al profesional que debas consultar y empieza ya. Inviértele dinero. Incluso así te sentirás más motivado. Porque pensarás algo como “Pues ya gasté dinero en esto, lo voy a hacer mínimo para que valga la pena”.

Hasta ahorita no he corrido en ninguna carrera ni me han sacado de esas fotos geniales mientras voy corriendo. Pero sé que pronto lo haré. Y será un objetivo más cumplido. Llámame caprichoso. Pero realmente quiero una de esas fotografías en Facebook. Quiero presumirla.

  • LA PARTE GENIAL

No hay parte genial. No al principio. Yo también sufrí la primera vez que salí a correr. Se siente feo. Además terminas todo sudado. Cansado. Y además, si no calientas bien, te terminan doliendo algunas partes del cuerpo durante un par de días.

Justo en este momento estoy viendo la aplicación de Nike que tengo instalada. La primera vez en que corrí fue el 8 de Junio de 2017. La segunda vez fue el 1 de Enero de 2018. Corrí durante todo el mes de Enero y no lo volví a hacer hasta Mayo. Y de ahi he corrido al menos una vez a la semana. Te comento esto para que veas que tampoco es que un día me haya despertado y de la nada ya tuviera el hábito de correr. Me costó. Me costó mucho desarrollarlo. Pero después de unos meses, ahora sí te puedo decir: DISFRUTO de la parte genial de correr.

Me encanta ver cómo voy subiendo de nivel en la aplicación.

Me encanta ver cómo se van llenando los trofeos en la aplicación.

Me encanta ver cómo mejoran mis estadísticas a lo largo del tiempo.

Me encanta compartir en Facebook cada vez que salgo a correr. Quiero que el mundo lo sepa. Quiero asociar esa idea de “correr” a mi persona.

Esto es la parte genial. Eso y que definitivamente poco a poco estoy regresando a tener la silueta que alguna vez tuve (también hago otra clase de ejercicios, aunque no llevo un registro de ellos, aún). Créeme. El ver cómo vas mejorando es lo que te da la satisfacción.

Ah…. ¿Y Recuerdas lo que te dije antes?…. Sí. Mi próxima novia va a tener un novio sexy. 😉 Eso también me da satisfacción

  • LA PARTE DIFÍCIL

Es cuando corres tu primer kilómetro. Durante tu primera vez. Y casi durante todas las veces en las que sales a correr. Sientes que los pulmones se te van a salir y no te dan ganas de seguir adelante. Pero oye ¿Acaso te dije que sería fácil? Por supuesto que no. Como todo en la vida, la parte genial está reservada para la gente pro que puede superar la parte difícil.

Yo quiero seguir siendo pro. Y quiero que tú también lo seas. Por eso es que llevo ya varios minutos escribiendo este artículo. Quiero ayudarte.

  • TU CÍRCULO SOCIAL

Van a impulsarte a que no corras. A veces porque ellos mismos no tienen la disciplina para hacerlo. A veces solo con su indiferencia. Esto siempre es cierto excepto cuando tu círculo social está compuesto de gente que de por sí ya corre.

Sad but true.

“Ya mejor mañana corres we, duérmete otro rato”, “Si no corres al menos X kilómetros entonces es como si no corrieras”, “¿Pa’ qué corres si sigues igual de gordo?”, “Ni que de verdad corrieras, solo te haces bien wey” -> Éstos son comentarios típicos que escucharás de personas que no corren. Acuérdate lo que te comenté acerca de los tipos que “están dañados”: Si ellos no lo hacen, intentarán que tu tampoco lo hagas.

“Oye Mike, mencionaste algo sobre la indiferencia de tu círculo social. ¿A qué te referías?”

Mmmm… Esto es un tanto más complicado de explicar.

Verás. Hace unos meses viví con una chica que, de cierta manera, fue mi pareja. Mientras estuve con ella, dejé de hacer muchas de las cosas que solía hacer cuando vivía solo. Y no es porque ella me obligara. Para nada. Es simplemente porque me dejé absorber por su realidad. En lugar de salir a correr, la acompañaba a pasear sus perros. En lugar de estudiar idiomas, nos quedábamos platicando hasta tarde. En lugar de estar leyendo ideas geniales, me ponía a cocinar con ella. Y me gustaba. Lo disfrutaba mucho. Pero me estaba desviando de mis objetivos de largo plazo.

Llámalo soledad de la mente. O ponle cualquier nombre que se te ocurra.

Yo a ella le conté en varias ocasiones mi razón para correr. Quería que se emocionara igual que yo lo hacía. Quería compartir con ella todo lo que sentía. Que me acompañara a correr. Pero no. Ella nunca se emocionó. Y tampoco criticó lo que yo hacía. Del tiempo que vivimos juntos, solo una vez fue a correr conmigo. Su actitud me invitaba a elegir entre ir a correr o pasar un rato agradable con ella. ¿Qué crees que me traía más placer en el corto plazo? ¿Qué crees que era más fácil: Ir a sudar o quedarse a ver una película?

Eso hablando de ella. Pero si te hablo de mis amigos… ¿Qué crees que me parecía más fácil: Quedarme a jugar Age of Empires hasta tarde y el siguiente día levantarme hasta que hubiese recuperado el sueño perdido o irme a dormir temprano y al siguiente día poder ir a correr (lo cual implicaba cansancio y abandonar a mis amigos cuando la estaba pasando bien)?

En general, cuando digo que la indiferencia de los demás te incita a no correr, lo que quiero darte a entender es que te encontrarás contra la espada y la pared. Entre el corto plazo y el largo plazo. Quedarte a la peda o ir a correr temprano. Seguir viendo películas o ir a correr. Seguir checando Facebook o ir a correr. Creo que me entiendes.

Correr es una actividad para el largo plazo.

No lo olvides. Never. Ever.

¿Qué me funcionó a mi? Fortalecer mi realidad. Juntarme con amigos a los que les gustaba ir a correr.

Fortalecer tu realidad implica que sean ellos quienes empiecen a hacer lo que tú normalmente haces. Y no al revés.

Juntarte con amigos a los que ya les gusta correr solo es un facilitador para que puedas adquirir el hábito de ir a correr. Psicológicamente dejas de sentirte solo y eso, aunque no lo creas, es una gran diferencia. Además, ya sabes: Eres el promedio de las cinco personas con las que más pasas tiempo.

  • LAS EXCUSAS

Nunca faltan:

No corría porque no tenía equipo para ir a correr. No tenaz short. No tenía pants. No tenía tenis. No tenía nada.

No corría porque me había levantado tarde.

No corría porque ya estaba oscureciendo.

No corría porque había llovido y los charcos me impedirían andar a gusto.

No corría porque repentinamente hacer el aseo había pasado a ser lo más importante que tenía que hacer.

No corría porque el tiempo no me alcanzaba.

No corría porque llegaba cansado del trabajo.

No corría porque mi teléfono no tenía espacio suficiente para instalar la Nike App.

Todo esto eran excusas de bajo desempeño. No lo quería admitir, pero es verdad. Cuando decidí que correría de manera “constante”, hice lo siguiente:

Pedí regalado un par de chanclas a mi papá (de esas que te cubren el pie completo y que están compuestas por dos piezas).

Tomé un short roto y viejo que tenía en casa.

Tomé una playera que casi no usaba.

Subí todas mis fotos a la nube y con el espacio liberado instalé la aplicación de nike.

Y listo. Empecé

Me sentía ridículo. Creía que la gente se me quedaba viendo por el atuendo que usaba. Y puede que así fuera. Pero me importó un carajo y seguí haciéndolo. Por lo menos ya había dado el primer paso.

Conforme pasó el tiempo compré unos tenis. Una playera nueva. Un short nuevo. Y varios detalles más.

Me gusta meterme en el papel de corredor-deportista. En serio. Y la vestimenta adecuada me permite hacerlo. Sé que eso no influye en que hagas deporte o no. Pero… ¿es que acaso no ya te dije que quiero una de esas fotos mamonas en las que sales corriendo y en las cuales te ves… genial?

* * *

Así fue el inicio para mi. Así es como he mantenido la disciplina. Y en un tiempo más, extenderé este artículo y te platicaré qué tal me ha ido. Y lo que haya aprendido. Y te presumiré mis fotos. Y mis estadísticas.

Y quién sabe, quizás algún día termines corriendo a mi lado.

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3 de Octubre de 2018

Escrito por Miguel Hernández

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